El nieto de Javier y Pucha


el-nieto-de-Javier-y-Pucha-500x331El colega y delegado al VII Congreso del PCC, por el semanario Trabajadores, Joel García León, quien es integrante de la Presidencia Nacional de la Upec y Presidente de la Delegación Ramal de la Prensa Escrita, escribió una hermosa y profunda crónica que pongo a su disposición.

Estoy seguro de que Javier y Pucha hubieran estado sentados frente al televisor este sábado. Jamás se perdían los discursos de Fidel —aunque fueran maratónicos— ni de Raúl, más sintéticos, pero cargados de esa huella que encarna un país, una Revolución.
“Con Fidel se aprende hasta mirándolo solo a la cara. Es de esos grandes hombres que se aman por encima de cualquier cosa”, repetía Pucha, quien jamás tuvo el placer de conocerlo personalmente. “Raúl es el que más ha cuidado de Fidel y es su más fiel soldado”, diría Javier, quien a principios del triunfo revolucionario pudo tirarles fotos a ambos desde los Estudios Fílmicos de las FAR.

Pero el nieto de Javier y Pucha escuchó el discurso de Raúl sin la presencia física de sus abuelos. Estuvo acompañado de miles de revolucionarios que no escucharon un informe clásico a un Congreso, sino la radiografía política a una sociedad muy diferente a la de hace cinco años, en la que han crecido —querámoslo o no— las desigualdades económicas, han abandonado nuestra nave muchos militantes, se han implementado Lineamientos necesarios, pero no siempre efectivos; ha crecido la economía del país sin ser todavía lo suficiente; en tanto floreció la propiedad privada asumida como complemento de la estatal, pero sin dejar de ser una espada de Damocles sobre los valores que como proyecto social nos propusimos construir desde enero de 1959.

Javier y Pucha hubieran compartido y opinado con la misma fuerza y sentido del momento histórico que lo hacemos hoy, aunque nunca fueron militantes del Partido. Para ellos, como para nosotros, la condición de revolucionario va en el alma, en sentir el golpe en nuestra mejilla de cualquier injusticia en cualquier parte del mundo, en tener conciencia de que lo individual no se contrapone a lo colectivo siempre que no olvidemos a los más humildes, a los que naciendo donde hayan nacido, sean hijos de quien sean hijos, tengan o no dinero en un banco, pueden llegar al Cosmos como lo hizo un guantanamero de apellido Tamayo; elaborar una vacuna como lo hizo Concepción Campa; salvar vidas en un lomerío del Plan Turquino o una favela de Brasil; o aspirar a ser campeones olímpicos a partir del deporte como derecho y no como mercancía, tal y como hoy sueña un niño de 13 años, ciego y sordo, que vive en La Lisa y sonríe afortunado de ser cubano.

Por todos esos ejemplos y más, las palabras de Raúl volvieron a sacudirnos este sábado. La complejidad del proceso de actualización de nuestro modelo económico y social, como dirían Javier y Pucha, ha tenido la voluntad justa del cambio y los lógicos tropiezos humanos, algunos evitables si se hubiera mantenido oportunamente el oído pegado a la tierra.

Se necesitan más contrapartes para la Comisión Permanente para la Implementación y el Desarrollo. En ocasiones ha sido juez y parte y la realidad indica que los riesgos, los beneficios y la comunicación son tan decisivos tenerlos en cuenta como las propias medidas en cuestión. Vivir hoy con alrededor de 500 pesos de salario parece una utopía mágica, aunque sea la realidad en muchos hogares cubanos.

Javier y Pucha siempre repetían que se podía ser digno sin necesidad de ser rico y se podía ser educado sin haber llegado a licenciado, máster o doctor; pero el plato de comida y la alegría de vivir siempre debían estar en correspondencia con lo que cada quien aporte a la sociedad, sin mayores tensiones personales que no sean las de ser útiles y servir a un proyecto social.

Javier y Pucha no fueron ejemplos de sencillez y ética con solo mecerse en sus sillones. Lo demostraron con su conducta. Nunca recibieron privilegios que no merecían ni lo permitieron para sus hijos. Escuchaban opiniones que no compartían, pero luego daban la suya. Persuadían día tras día con lo que mejor sabían hacer: trabajar.

Y su solidaridad llegaba al vecino, al barrio, a todo el que necesitaba, sin que les sobraran recursos para criar a su familia.

Hablar, conversar y haber sido jóvenes son las armas fundamentales para entender hoy a una generación que se empina sobre nuestras virtudes, pero sufre también con nuestros errores. Reconocer que nos faltan verdaderos líderes en muchos cargos de dirección —lo que por años hemos llamado política de cuadros—, y ocuparnos en formarlos nosotros, no con los cursos que pretende regalar Obama, tiene que ser tan trascendente como cualquier implementación de Lineamientos.

En este tema hemos pasado por diferentes fórmulas. Desde asumir a los incondicionales como mejor opción, aunque dirijan procesos que no conocen, hasta las transiciones por los diferentes escalones de mando, lo cual desconectó a muchos con la realidad. Las reservas no siempre han asumido como tal su papel y han quedado muchas veces en eso: reservas eternas, a pesar de su calidad profesional y humana.

Javier y Pucha repetían una y otra vez que Fidel hizo a este pueblo-rey por ser él mismo pueblo-Revolución. Pero ya lo dijo Raúl: Fidel es Fidel. Hoy tenemos que acompañar el futuro con una renovación certera, que comienza por la propuesta del propio Raúl de reducir la edad para asumir cargos políticos y administrativos.

Los revolucionarios tenemos que ser cada uno líder en convicciones y acciones, pero teniendo en cuenta que los procesos históricos han demostrado, con suficiente claridad, cuánto puede costarles a los pueblos olvidar o subvalorar el papel de sus líderes más auténticos y preparados.

“Queda mucho por hacer en este asunto”, señalarían Javier y Pucha. Por eso ministros, dirigentes políticos y gubernamentales y todos nuestros líderes revolucionarios necesitan hablar, explicar, persuadir y convencer más desde nuestros medios de comunicación y en todos los espacios sociales. Los secretos del país, como un día dijera Raúl, están en las mentes de algunas personas y no en la información pública que se pueda brindar.

Con Granma, Juventud Rebelde, Bohemia y Trabajadores, Javier enseñó a leer a sus hijos y nietos. Hoy muchas familias y niños conocen más las redes sociales, el paquete y las nuevas tecnologías que las páginas impresas de nuestros periódicos y revistas. Y es cierto, nos falta todavía mucha creatividad en el periodismo y en la comunicación que hacemos, pero la mirada sobre el tema debe ser más integral. Se necesita entender que la prensa es un sostén ideológico insustituible de nuestro sistema político y recibe hoy un brutal ataque de medios privados con financiamiento desde el exterior al que debemos enfrentar como un fenómeno muy complejo y no con tiros aislados.

“La prosperidad económica del socialismo europeo fue evidente y quedaron en los 90 como páginas del olvido”, repetía una y otra vez Javier. ¿Será que él sentía como nosotros lo trascendentes que son las ideas y lo efímeras que son las riquezas?

Estoy seguro de que Javier y Pucha hubieran estado sentados frente al televisor este sábado. A ellos, formadores políticos y humanos de su familia les encantaría seguir teniendo una Cuba en la que no perdamos nuestros símbolos —desde Martí hasta nuestro Elpidio Valdés—; en la que el discurso político deje atrás el consignismo, pero no la esencia de la Revolución; deje atrás los oportunistas y la doble moral para hacer vivir la transparencia, la participación y el debate; deje atrás la rutina y la inercia, para darles la mayor importancia a la creación y la virtud.

Una crónica periodística como esta no debe terminar sin establecer un paralelismo beisbolero. La garra de Pinar del Río y la integralidad de Ciego de Ávila debiéramos asumirlas como guías en el Partido para no cruzarnos de brazos ante los altos precios del agromercado, la impronta dejada por Obama en algunos sectores de la población o los intentos de desmontar la unidad de la sociedad con su partido único.

Este domingo, cuando tengamos un campeón de la pelota, terminará la emoción de una serie y de un juego. Pero al más largo campeonato, nuestro proyecto revolucionario, le queda mucho por batear. Se lo dice el nieto de Javier y Pucha, un cubano preocupado y ocupado con los destinos de su país.

Por: Joel García León

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