EN DEFENSA DE UN ARBOL


IMG_20150927_105214No te imaginarías que pudieras ser algún día objeto de discordia. Te había traído una vecina con la altura de un metro. Venías de famosa cuna, abolengo y linaje: el jardín Botánico de Cienfuegos, el más antiguo de Cuba y Monumento Nacional.

Orgullosa la señora, dijo que eras un ficus y naciste junto a otros muchos, para formar la gran familia que se expande quien sabe por cuantos lugares de la geografía cubana y quizás mucho más allá.

A la vera de mi jardín creciste más que los cercanos lirios rojos, y más rápido que las majaguas de la cuadra, agradecido del agua que te regaba y alimentaba tus raíces en tiempos de sequía.

En la vida infantil tuviste suerte con los depredadores infelices, ignorantes seres que no te permitirían llegar a la adultez sólo por hacer un daño social y propio al mismo tiempo. Y hasta de aquellos pequeños infantes cazadores de lagartijas.

Tuviste suerte también en los últimos años de no sufrir los avatares de tormentas, huracanes y ciclones que de vez en cuando visitan con sus secuelas esta isla tropical.
Pero molestas a algunas personas: a la vecina que no le dejas ver la luz del alumbrado público; a la otra porque abundas en hojarascas y a una tercera que no le permites sus ropas tendidas se beneficien de los rayos del sol.

Y yo les pregunto:- ¿Mientras unas hojas se te secan, cuántas se mantienen verdes?, porque en verdad, a diferencia de otros, nunca a ti te llega el otoño; disfrutas de eterna primavera.

Ciertamente, como un eclipse, no le dejas ver a la vecina lo que sucede más allá de ti, pero tiene a su disposición la otra luz cercana del alumbrado público.
A la tercera le digo: – Con el sol de la mañana las ropas se secan con rapidez. ¿No es verdad?

Entonces, por qué no entender la diferencia a favor del costo – beneficio.
Más allá de inconvenientes, hoy eres centro de atención de muchos; de los que van camino al consultorio y se amparan bajo tu sombra; de los que admiran tu robusto follaje; de los que conocen tus tributos al medio, a la diversidad de especies, que como las garzas, las palomas y los abundantes gorriones se posan o anidan en tus ramas.

Hijo de aquel Jardín que con más de un siglo de historia es como un pulmón verde para la ciudad, sólo por el oxígeno que emana de tus hojas, te queremos como un generoso guardián de nuestra existencia.

Por Ramón Lobaina Consuegra

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