Estamos formando súper-hombres y súper-mujeres, totalmente equipados, pero emocionalmente infantiles


Frei BettoFrei Beto
Estamos formando súper-hombres y súper-mujeres, totalmente equipados, pero emocionalmente infantiles.

Una ciudad progresista del interior de San Pablo tenía, en 1960, seis librerías y un gimnasio; hoy tiene ¡sesenta gimnasios y tres librerías!

No tengo nada contra el mejoramiento del cuerpo, es necesario cuidarlo pero me preocupa la desproporción en relación al mejoramiento del espíritu.

Pienso que moriremos esbeltos: “¿Cómo estaba el difunto?”. “Oh, una maravilla, ¡no tenía nada de celulitis!”

Pero ¿cómo queda la cuestión de lo subjetivo? ¿De lo espiritual? ¿Del amor?

Hoy, la palabra es “virtualidad”. Todo es virtual. Encerrado en su habitación, en Brasilia, un hombre puede tener una amiga íntima en Tokio, sin ninguna preocupación por conocer a su vecino de al lado! Todo es virtual. Somos místicos virtuales, ciudadanos virtuales. Y somos también éticamente virtuales…

La palabra hoy es “entretenimiento” y éste es el “consumo” y la necesidad de tener “lo último”, lo que “se usa”.

Como la publicidad no logra vender felicidad, genera la ilusión de que la felicidad es el resultado de una suma de placeres: “Si toma esta gaseosa, si usa estas zapatillas, si luce esta camisa, si compra este auto, usted será feliz!”

El problema es que, en general, no se llega a ser feliz!

El gran desafío es comenzar a ver cuán bueno es ser libre de todo ese condicionamiento globalizante, consumista. Así, se puede vivir mejor. Para una buena salud mental son indispensables varios requisitos: amor, sensibilidad para ponerse en el lugar “del otro”, generosidad y compromiso para trabajar por una sociedad más justa, amistades, autoestima y equilibrar el estrés.

Hay una lógica religiosa en el consumismo post-moderno.

En la Edad Media, en las ciudades construían un lugar para meditar o rezar, cualquiera fuera la fe o sus creencias; hoy, se construye un shopping-center.

Es curioso, la mayoría de los shopping-center tienen líneas arquitectónicas cada vez más ornamentadas. Y allí dentro se siente una sensación paradisíaca: no hay mendigos, ni chicos de la calle, ni suciedad…

Se observan varios nichos, todos con venerables objetos de consumo, acolitados por bellas sacerdotisas. Felizmente, terminan todos hermanados en una misma mesa, con el mismo jugo y la misma hamburguesa de Mac Donald…

Acostumbro decirles a los empleados que se me acercan en las puertas de los negocios: “Sólo estoy haciendo un paseo socrático”. Delante de sus miradas espantadas, explico: “Sócrates, filósofo griego, también gustaba de descansar su cabeza recorriendo el centro comercial de Atenas. Cuando vendedores como ustedes lo asediaban, les respondía:

…” Sólo estoy mirando cuántas cosas existen que yo no necesito para ser feliz”

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