Alejo Carpentier, una de las grandes figuras de la cultura universal


 Alejo Carpentier, una de las grandes figuras de la cultura universalCarpentier nació en La Habana, el 26 de diciembre de 1904, próximo a cumplir 110 años, hijo de un arquitecto francés y madre rusa. Desde pequeño tuvo un intenso contacto con los libros y la música, su otra gran pasión, que estuvo siempre presente en sus obras literarias, su trabajo como periodista y ensayista y como autor también de libretos para ballet, óperas y cantatas. 
El idioma de Carpentier se levanta como una catedral en la selva”, la imagen evoca a la perfección el barroco, la exuberancia de las palabras que caracterizaron al creador de El siglo de las luces (1962), una novela bisagra entre dos mundos, el europeo y el americano, como el propio Alejo Carpentier, la calificara.

Hijo de la cultura europea y amante de la caribeña y cubana, dedicó su vida a buscar y establecer las conexiones entre ambas, pero también aquello que pudiese servir para hablar de la especificidad latinoamericana. Lo encontró en lo que llamó “lo real maravilloso”, antecedente del realismo mágico que luego fue protagonista del “boom” literario del continente.

Lo real maravilloso, cuyas características desarrolla en el prólogo a su novela El reino de este mundo (1949), sirve en opinión de Carpentier para describir la forma en que se vive en Latinoamérica. Su paso por París en los años 30, exiliado por la dictadura de Machado en Cuba, lo había puesto en contacto con el surrealismo, pero este movimiento no le parecía del todo adecuado para su región.

Al decir del propio Carpentier. “En buen cubano diría que me encendió la chispa. Ví cómo mucha gente andaba buscando lo maravilloso en lo cotidiano, fabricándolo cuando no lo encontraba, en tanto que nosotros teníamos lo fortuito, lo insospechado, lo insólito, lo maravilloso latinoamericano en estado bruto, al alcance de la mano”, comentó el escritor, acerca de su experiencia surrealista.

En 1927 pasó unos meses en la cárcel por sus actividades contra la dictadura de Machado ( Gobernante de turno en Cuba ), y allí escribió su primera novela, Ecué-Yamba- O, sobre el afrocubanismo, de la que el autor renegó más tarde como un “intento fallido”. Con la ayuda del poeta surrealista francés Robert Desnos, que le dió su pasaporte, Carpentier logró salir de Cuba y se estableció en París, donde vivió durante once años. Allí trabajó en medio de numerosos problemas económicos como corresponsal de varias revistas y también en la radio.

En 1939 regresó a Cuba huyendo del avance de los totalitarismos y en especial el nazismo en Europa, tras ver morir a varios de sus amigos, en campos de concentración.

En esta época surge El reino de este mundo, luego de una visita a Haití, cuya historia de independencia y de la primera rebelión de esclavos en América le produce gran impacto. También sus investigaciones para La música en Cuba (1946), en la que realiza un análisis acerca de la fusión de los ritmos africanos, españoles e indígenas en la música de su tierra natal.

En 1945 es invitado a organizar una emisora de radio a Venezuela, y se quedará allí hasta la victoria de la Revolución Cubana en 1959, cuando regresa a la isla. En Venezuela escribirá Los pasos perdidos (1953), sobre un músico que se interna en la selva del Orinoco en busca de instrumentos antiguos, y El siglo de las luces, que relata la historia de la Revolución Francesa en suelo americano.

El lenguaje cuidadoso de Carpentier es fruto de las numerosas correcciones y el tiempo que se tomaba para escribir. El manuscrito de El reino de este mundo permaneció tres años encerrado en un armario. El de El siglo de las luces durmió, totalmente concluido, durante más de dos, y es que prefiero revisar y esperar, nunca tengo prisa de publicar”, subrayó cierta vez

Además de lo real maravilloso, Carpentier desarrolló una teoría acerca de lo barroco en América, que en su opinión caracteriza a lo criollo: la transformación, la innovación, el constante rehacerse.

Carpentier trabajó para el gobierno revolucionario cubano al frente de la Editorial Nacional y como agregado cultural en la embajada en Francia. Unos años antes de su muerte, en 1980, se convirtió en el primer latinoamericano que obtuvo el Premio Cervantes en España.

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